70 Años del Consejo de Europa

Editorial




Se han cumplido 70 años desde la fundación del Consejo de Europa en el año 1949, en Londres y en su sede en la ciudad de Estrasburgo, se ha festejado ese acontecimiento con diferentes actos y la presencia del Presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron.

Como era de esperar, en nuestra prensa nacional y en otras muchas europeas, esta conmemoración apenas ha recibido atención y menos aun  un análisis de lo que ello supone. Vivimos volcados en el comentario y estudio de los más mínimos acontecimientos que ocurran en el seno de la Unión Europea, sobre todo ahora que se examinan los futuros comisarios, e ignoramos olímpicamente todo lo que se refiere al histórico organismo internacional defensor de los derechos humanos.

Es necesario romper este cerco de silencio ignorante en torno al Consejo de Europa, entre otras muchas razones porque hoy en día sigue teniendo mas razón de ser y existir que lo haya podido tener nunca.

Nació como una consecuencia del final de la Segunda Guerra Mundial, para favorecer el que nunca más se pudiese volver a los horrores que aquella supuso, así como los desastres que conlleva todo régimen totalitario, sea cual fuese su color.

En el Convenio Europeo de Derechos Humanos, que se aprobó en 1950, se establece el catálogo de derechos y libertades inherentes a todo ser humano y que los países miembros han de respetar. La defensa de estos derechos y libertades, la democracia y el Estado de Derecho, han sido la razón de ser de esta organización desde su fundación, hasta el día de hoy.

Para cumplir esta tarea, no solo opera la voluntad política del Comité de Ministros que gobierna esta organización intergubernamental, o la Asamblea Parlamentaria, el conjunto del Secretariado y otros organismos en el integrados, sino también el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, único en su género en Europa y al que puede acudir cualquier persona residente en un país miembro.

A todo ello ha de añadirse la creación en 1999, coincidiendo con el cincuenta aniversario, del Comisario para la Defensa de los Derechos Humanos.

Comprenderá el lector que no es mi intención entrar en el análisis de lo que hacen estos distintos organismos. Ello sería el objeto de un estudio académico, que no es del caso en este momento.

Pero si por el contrario recordar que el Consejo de Europa, del que forman parte todos los países miembros de la Unión Europea, ha sido y sigue siendo un referente fundamental para la defensa de los derechos humanos y para controlar el respeto de los mismos por los 47 países que lo componen.

El apoyo político y técnico que el Consejo de Europa ha prestado a los diferentes países europeos, para ir perfeccionando su sistema constitucional y legal de protección de los derechos fundamentales y libertades públicas, ha sido determinante de la consolidación del modelo europeo de democracia y respeto a las garantías del Estado de Derecho.

No estamos hablando de hipótesis, sino de realidades tangibles para millones de seres humanos, que aun viven en democracias formales, pero que soportan cada día comportamiento autoritarios de sus gobernantes. 

En nuestra Europa actual y en primer lugar la de los países miembros de la Unión Europea, la crisis de los valores que identifican una democracia, es una evidencia alarmante y los tics autoritarios de algunos gobernantes una realidad impensable hace apenas diez años. No quiero citar ningún nombre concreto, porque están en la mente de todos e incluso la propia UE ha abierto algún procedimiento sancionador.

El Consejo de Europa, y en especial su Comité de Ministros y la propia Asamblea Parlamentaria, a la que ha vuelto a incorporarse la representación de la Federación de Rusia, deberían tomar conciencia de la importancia de defender con firmeza y por igual, los valores democráticos y condenar los ataques al Estado de Derecho que se producen en el seno de varios de sus países miembros, lo que constituye la verdadera razón de ser de la organización, dejando de lado las componendas geopolíticas interesadas.

El trabajo del Consejo de Europa ayudando a los países salidos de una dictadura, entre ellos el nuestro, para adaptar su sistema legal y constitucional a las exigencias del Convenio Europeo, ha sido excepcional, como su trabajo en situaciones de crisis o post crisis.

El haber conseguido la eliminación de todos los ordenamientos jurídicos europeos de la pena de muerte, un hito histórico.

Si finalmente se incorpora al Consejo de Europa la Unión Europea y para ello ya esta en marcha un nuevo mandato de cumplimiento de lo dispuesto en el Tratado de Lisboa, se habrá dado un gran paso en la defensa de los derechos humanos en Europa. Y ahora ya no sería tolerable que nuevamente el Tribunal de Luxemburgo, desempolve viejas técnicas jurídicas de torpedeo de este mandato.

La Europa en crisis de valores democráticos, entre otras cuestiones, no se lo puede permitir.

Ojala, esta celebración y el magnifico discurso del Presidente Macron ante el plenario de la Asamblea Parlamentaria, sirvan para reforzar el papel del Consejo de Europa y superar todas estas dificultades.

 

Alvaro Gil-Robles

En Sotosalbos a 8 de octubre de 2019.