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DERECHOS HUMANOS, EUROPA, EL FUTURO

 

El pasado 24 de enero, he sido derrotado por  Dunja Mijatovic por cuatro votos en la segunda vuelta de las elecciones a Comisario para los Derechos Humanos del Consejo de Europa. Le deseo a la Señora Mijatovic lo mejor en el ejercicio de sus nuevas funciones. Su trayectoria y sus méritos lo atestiguan. Sin embargo no olvido las  condiciones en las que se ha jugado esta segunda vuelta de las elecciones, con dos candidatos haciendo la pinza contra mi candidatura, lejos del espíritu de las reglas electorales del Consejo de Europa, que establecen que los tres candidatos seleccionados se enfrenten tanto en la primera como en la segunda vuelta a un combate leal ante la Asamblea parlamentaria.

No deseo reconstruir el proceso electoral, ni ser mal perdedor. Paso la página y miro hacia delante. La vida continúa. Soy y seguiré siendo un defensor de los derechos y libertades. Las ideas que he defendido durante mi campaña continuarán, como simple ciudadano, a reafirmar mi compromiso. Yo no puedo resignarme a esta crisis grave y temible que mina el sistema europeo de protección de los derechos y libertades, hasta el punto de ponerlo en peligro: avance del discurso del odio, negación del derecho de asilo, utilización del estado de urgencia, puesta en duda de la independencia de la justicia, retroceso de la libertad de expresión.

Ante estos peligros,  no hay que acobardarse. Hace falta resistir, convencer, actuar. No hay que excluir a nadie. El sistema europeo de protección de derechos y libertades es nuestra obra común, la defensa contra la arbitrariedad y la injusticia, la última y mas preciosa garantía para cada ciudadana y ciudadano de Europa de vivir como un sujeto de derecho. Es también cuestión de valores y de identidad. La justicia, la solidaridad y la mano tendida a los mas vulnerables son también partes integrantes de ella. Creo en la movilización de las conciencias porque Europa, para mi, no solo es una comunidad de destinos, sino también una civilización.

Luchar por los derechos y libertades, es trabajar por el progreso, paso a paso, en contacto con la diversidad de nuestras sociedades. Es practicar el diálogo, abrir todas las puertas y no cerrar ninguna a priori. La sociedad civil, las ONGs, el mundo asociativo son importantes motores de cambio, actuando sin descanso y apasionadamente, recordando al poder político sus deberes cuando la voluntad se debilita o cuando la Realpolitik se instala. Nunca hay que transigir sobre los valores democráticos, el universalismo del derecho y el respeto de los derechos humanos. Es necesario recordar y acordarse siempre que los derechos humanos están garantizados por los Tratados, jurídicamente obligatorios.

El mundo y la sociedad cambian. Los retos y los peligros evolucionan. El combate por el respeto de los derechos y libertades no es estático. Es dinámico por naturaleza. La jurisprudencia de la CEDH lo recuerda regularmente. Tenemos que protegernos, con una generación de adelanto,  y fomentar la reflexión prospectiva sobre los derechos humanos y la lucha contra el terrorismo, los derechos humanos y calentamiento climático, los derechos humanos y bioética e incluso los derechos humanos y la innovación tecnológica. También hay que situar en el corazón del debate los derechos económicos y sociales, pues son una condición esencial de la vida en común.

Tres cuestiones me interpelan muy especialmente, pues presiento su urgencia. La primera es la situación de los niños en Europa: apátridas, refugiados, acoso en línea, interés superior del niño, trata de niños y abusos sexuales. La segunda es promover los derechos humanos entre los jóvenes, para contrarrestar el avance preocupante de los discursos escépticos y en ocasiones hostiles, con respecto a los derechos y libertades. La tercera es el papel de la empresa en la definición de una agenda positiva y atractiva para los derechos humanos en especial para luchar contra el trabajo forzado, contra el trabajo de los niños y por la igualdad de hombres y mujeres en el trabajo.

En el periodo incierto que atravesamos, tengo la convicción que debemos todos, defensores de los derechos, hacer un bloque común. Es un combate por la unidad en torno del Convenio europeo de Derechos Humanos. En este combate, como simple ciudadano, asumiré mi parte.

Pierre-Yves Le Borgn (*)

(*) Nacido en Quimper (Finisterre) Francia, el 4 de noviembre de 1964. Licenciado en derecho, Diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París, y LLM en derecho europeo por el Colegio de Europa de Brujas, Bélgica.

Diputado de la Asamblea Nacional francesa y de la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa, de 2012 a 2017.

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