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TERRORISMO EN LA ÉPOCA DE SEQUÍA IDEOLÓGICA

TERRORISMO EN LA ÉPOCA DE SEQUÍA IDEOLÓGICA

Qué problemas afloran con los atentados yihadistas en Europa

EMIL PAIN, Profesor de la Universidad de Investigación Científica “Escuela Superior de Economía” (Moscú)

A juzgar por el Índice de Terrorismo Global, el problema del terrorismo islamista no resulta, en los países de la Unión Europea, menos candente que en Rusia, sin hablar ya de los países de Oriente Próximo, aunque también allí, desde principios de 2000 se ha hecho más palpable el crecimiento del yihadismo. Muchos Estados europeos han permanecido salvándose de importantes atentados terroristas sólo gracias a cierta coincidencia de circunstancias más parecida a un milagro. Así, dos años antes del reciente atentado, según datos de expertos franceses, se reclutaron desde la pequeña Bélgica 100 veces más combatientes para el “Estado Islámico” que en el enorme Egipto (calculado por el número de musulmanes en mencionados países). ¿Por qué en Bélgica y en los países de su entorno ha surgido semejante auge del islamismo?

Tolerancia en vez de integración

Probablemente, las autoridades de este Reino constitucional que posee características de federación etnocultural con sus tres comunidades lingüísticas inherentes (flamenca, francesa y alemana) consideraban que los musulmanes locales no tenían motivos para quejarse. Bélgica fue el primer Estado europeo que ha reconocido el islam como una de las religiones oficiales (en 1974). En pleno  centro de Bruselas - cerca de la sede del Consejo de Europa – fue edificado un Centro Islámico con su mezquita, biblioteca, un gran salón de conferencias y la mayor escuela musulmana en Europa que es financiada por el Ministerio de Instrucción Pública laico. El mismo Ministerio ha incluido la enseñanza de las bases del islam en el programa escolar para musulmanes que estudian en todos los centros docentes públicos del país.

Todo ello son rasgos característicos de la política de multiculturalismo que fue ideada inicialmente en la década del 1970 por las fuerzas de izquierda como receta de una sociedad sin conflictos pero resultó ser justamente la buena intención con las que está empedrado el camino del infierno. En todos los países del mundo donde dicha política se haya llevado a efecto, ha conducido a unos resultados directamente contrarios de los que se esperaban. La formalización institucional de las deferencias culturales ha consolidado en la conciencia humana esa contraposición de nosotros y ellos. Finalmente, el multiculturalismo ha conducido a la tendencia de incentivar más los llamados derechos colectivos que, a menudo, han suplantado los derechos del ciudadano. La identidad de los ciudadanos del Estado-Nación iba debilitándose paulatinamente, mientras que iba reforzándose la autoconciencia comunal. Es que el multiculturalismo fue elaborado precisamente como alternativa a la política de integración. Resulta aleccionadora en este sentido la experiencia de Alemania que había reclutado entre las décadas de 1960 a 1980 más de dos millones de turcos que fueron considerados durante largo tiempo simplemente como obreros inmigrantes de tipo temporero, los llamados Gastarbeitern. Se suponía que irían relevándose cada seis años por lo cual los trabajadores inmigrantes no debían integrarse en la sociedad receptora: no necesitarían aprender alemán ni pretender en un futuro a obtener la nacionalidad alemana ni tampoco habrían de respetar los valores de la sociedad receptora (especialmente los derechos de la mujer). Sin embargo, en vez de trabajadores temporales Alemania recibió una población de residencia permanente en cuyo seno se observan indicios radicalistas en jóvenes musulmanes, hijos y nietos de los antiguos Gastarbeitern. Semejantes procesos se observan también en otros países europeos.

La ley de la tercera generación

Los atentados terroristas perpetrados en Bruselas, como sucedió también en los atentados de 2015 en París y de 2013 en Londres, no han sido protagonizados por inmigrantes sino por ciudadanos nativos de mencionados países. Sin embargo, el problema radica justamente en el hecho de que llegaron a ser ciudadanos sólo en el sentido legal al gozar de derechos plenos e iguales con británicos, franceses y belgas pero psicológicamente los hijos y nietos de inmigrantes resultaron ser más ajenos para el país de permanencia que sus padres y abuelos que aspiraban a convertirse en una parte de las naciones cívicas británica, francesa o belga. Tampoco es un fenómeno nuevo, ni mucho menos, sino un reflejo de la ley fundamental descubierta por Marcus Lee Hansen y que fue denominada Ley de Retorno de la Tercera Generación. Su esencia consiste en el hecho de que los hijos y nietos de los inmigrantes, si se dan condiciones desfavorables para la integración en otro medio cultutral, recuerdan lo que habían querido olvidar sus padres y abuelos. Los inmigrantes de primera oleada, al arribar a países ricos procedentes de países pobres, trataron de integrarse cuanto antes y de manera más profunda en el nuevo medio. Sus hijos, y especialmente nietos, que obtienen la nacionalidad por nacimiento, no tienen por qué luchar por ello, y desde el momento de nacer ya presentan mayores exigencias y reclamaciones hacia el país en que residen así como mantienen unos conceptos e ideas especialmente ilusorios sobre su antigua patria o la religión de sus antepasados. Mientras más dura resulta la vida para descendientes de los inmigrantes, más y con mayor frecuencia suelen idealizar la gran protopatria ancestral o bien la cultura materna, siendo más intensa la enajenación con respecto al malquerido país de su permanencia.

Los estudios sociológicos que fueron desarrollados en varios países de Europa en la década de 2000 testimonian que jóvenes musulmanes de edades que median entre 16 y 24 años, muestran unos ánimos infinitamente mucho más radicales con respecto a la observancia de las normas del “genuino” islam que los encuestados mayores de 55 años de edad. Sólo entre los jóvenes se observan (con relativa frecuencia) esos requerimientos absolutamente exóticos que plantean ante los Estados europeos, como los de introducir para ellos las leyes de la sharia.

Con mayor frecuencia, la ley de Hansen suele manifestarse en los comportamientos de los habitantes que residen en distritos y barrios aislados, esa especie de guetos. Allí se cultivan relaciones más arcaicas y también allí se forjan odios hacia el mundo circundante que, según los habitantes de esos guetos voluntarios, “sólo finge ser tolerante”. En Bruselas, por ejemplo, el distrito de Molenbeek es famoso por su concentración de musulmanes y también allí se ha formado un mundo islamista clandestino que se ha convertido en el centro del terrorismo a escala europea. Lo más probable es que justamente por esta circunstancia Bruselas ha estado a salvo de los atentados terroristas porque los islamistas sencillamente no querían destapar la ubicación de su propia sede que iba preparando atentados en otras capitales europeas. Molenbeek se ha configurado como un barrio fundamentalmente islámico de forma espontánea y relativamente reciente, mientras que en muchas otras capitales europeas existen durante décadas barrios monoétnicos o monoconfesionales cerrados que se han ido creando con apoyo del Estado y fueron celebrados en obras de arte, especialmente por directores de cine o escritores de izquierdas.

Quiero recalcar especialmente que la enajenación que sienten los parias hacia la nación cívica de su  país de residencia, suele recompensarse inevitablemente con el deseo que alimentan por arrimarse a alguna otra comunidad imaginaria. Y no es propio sólo de musulmanes. Por ejemplo, mis investigaciones muestran que los hebreos rusoparlantes que han logrado la suficiente integración en Israel o en Alemania, a menudo se identifican con el llamado Mundo Ruso, mientras que los musulmanes cuentan con una comunidad imaginaria global, de hecho mucho más formalizada y vasta, eso es: la umma islámica universal. Hoy en día se complementa también con el conjunto de la comunidad de redes de Internet que van formando activamente una identidad alternativa al espíritu ciudadano. Los estudios sociológicos muestran que justamente las personas privadas de los rasgos de identidad cívica con su propio país, suelen representar la base social principal del terrorismo en Europa.

Posmodernismo que se coniverte en yihadismo

Según opina una serie de expertos, Bélgica mantiene el récord entre todos los Estados de Europa en cuanto al número de personas nuevamente convertidas al Islam. Otra dudosa prioridad europea pertenece a una flamenca étnica y ciudadana belga convertida al Islam, Muriel Degauque, que fue la primera mujer suicida de origen europeo que se inmoló haciéndose detonar unos explosivos en un intento de matar a varios soldados estadounidenses en Irak en 2005. Muriel creía que así combatía el colonialismo, y resulta ser una motivación muy característica para jóvenes europeos de convicciones izquierdistas.

En las décadas de 1960 y 1970 se observó un notable y creciente enfriamiento en las interrelaciones entre las izquierdas europeas y su tradicional base social, la clase obrera, que empezó a “traicionar” con creciente frecuencia a las fuerzas de izquierda votando en las elecciones a favor de los conservadores europeos, por ejemplo, por los demócratas cristianos. En estas condiciones, los partidos políticos de izquierda optaron por orientarse en buscar apoyo de nuevos elementos disminuidos como los inmigrantes, los movimientos feministas o toda clase de minorías. Su mayores consignas políticas se concentraron en la lucha contra el colonialismo, el racismo y la xenofobia. Algunos líderes del pensamiento intelectual de izquierdas, por ejemplo, Michel Foucault, apoyaron con entusiasmo la revolución islámica de 1979 en Irán como precursora del nuevo movimiento revolucionario mundial. 

La idea de la protesta revolucionaria originó el masivo tránsito de afroamericanos de EE UU que pasaron de diversas confesiones cristianas al islam en las mismas décadas de 1960 y 1970. En Rusia un tal Aleksandr Tijomírov que tuvo problemas en la vida civil, por ánimos de protesta se convirtió al islam (aunque en su juventud estudió en un monasterio budista) y se manifestó como una de las figuras más peligrosas en la dirigencia del llamado Emirato del Cáucaso donde fue reponsable de entrenar terroristas suicidas y organizar escuelas de sabotaje. El terrorista Saíd Buriatski se granjeó una fama mundial, la periodista rusa Yulia Latynina le calificó en una ocasión del “Che Guevara buriato, un mujahid internacionalista”.

¿Qué testimonian dichas transformaciones espirituales? En primer término, desbaratan por entero las explicaciones que se le dan al terrorismo islámico en el contexto de la concepción de la “guerra de civilizaciones”. Cuando Samuel Hungtington inventó dicha idea se imaginó a los pueblos como una especie de organismos sociales encajados rígidamente y para siempre en sus propios nichos de religión y civilización históricamente configurados. Pero vemos que dichas civilizaciones resultan permeables, las personas pueden optar por una u otra religión. En segundo lugar, el yihadismo (idea de la guerra santa) va desprendiéndose cada vez más de su cordón umbilical que le une al islam en tanto que religión y se está convirtiendo en una ideología política y una forma de activismo político independiente. Además, hoy en día el yihadismo predomina en el mercado de ideologías totalitarias.

Todavía a mediados del siglo XX los sociópatas del mundo entero podían escoger entre varias opciones: aventurarse por la selva latinoamericana para incorporarse al destacamento guerrillero de un Che Guevara de verdad, no buriato, o bien unirse a las Brigadas Rojas en Italia o al movimiento de Baader-Meinhof en Alemania. Actualmente, los yihadistas prácticamente han monopolizado este mercado. Naturalmente no lamento el hecho de que las organizaciones terroristas de izquierdas radicales hayan abandonado el ámbito político. La desgracia consiste en que el mundo actual no ofrece ningún programa positivo para el activismo político que necesita más que nada la juventud. El posmodernismo de izquierdas ha proclamado el fin de la época de grandes narrativos. Efectivamente, en algún momento el mundo occidental comenzó a padecer cierta sequía ideológica, la sociedad empezó a desmigajarse formado islotes, barrios, apartamentos aislados. Y el auge del yihadismo ha evidenciado la demanda existente de grandes narrativos. ¿Qué ofrecerá en respuesta el mundo moderno?

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