Zimbabue: cuando del optimismo al abismo hay dos pasos

Actualidad de la Fundación





En el articulo que publicamos a continuación, encontrará el lector un valioso y realista análisis de la situación política, económica y social en un país muy importante del continente africano, como es Zimbabue, cuya estabilidad es fundamental para la consolidación de la democracia y la paz en la región.

Su autor, Kevin Sánchez, tiene una larga experiencia de trabajo sobre el terreno en países en transición, muy especialmente en Asia, y ahora nos hace partícipe de su experiencia en Zimbabue, donde trabaja para una de las mas importantes organizaciones no gubernamentales europeas.

 


 

Zimbabue: cuando del optimismo al abismo hay dos pasos

 

A mediados de Noviembre de 2017, las fuerzas militares de Zimbabue se movilizaron para tomar el control de los medios nacionales de radiodifusión. Pese a que rápidamente se apresuraron a anunciar que no se trataba de un golpe de Estado, a los pocos días la presidencia de 30 años de Robert Mugabe llegaría a su fin. En su lugar, su gran aliado y número 2, Emmerson Mnangagwa, asumía el cargo provisionalmente. Por lo general, el país se sumergió en un estado de jolgorio que encontró en las promesas de liberalización económica, apertura internacional y respeto por los derechos humanos del presidente interino unas ideas sobre las que regozijarse. La comunidad internacional quedó embalsamada por tales promesas hasta el punto que apenas hubo reacciones en contra del de facto golpe de estado que los militares habían llevado a cabo. 

Tras unos meses bañados más por la fe que por la esperanza llegaron las elecciones presidenciales de Julio de 2018. Por desgracia, hablar de elecciones y de Zimbabue en una misma frase es sinónimo de presiones sobre la sociedad civil, violencia política y hasta muerte. El día 1 de Agosto, la Comisión Electoral de Zimbabue divulgaron los resultados provisionales que daban al el candidato continuista Emmerson Mnangagwa del ZANU-PF la victoria. Ese mismo día, el secretariado del MDC Alliance, el mayor partido de la oposición, anunciaron su victoria sobre el ZANU-PF. Varios centenares de simpatizantes del MDC Alliance tomaron las calles en protesta por los resultados preliminares por estar amañados. Los disturbios y violencia contra la sede del ZANU-PF fueron en aumento hasta que las fuerzas militares fueron desplegadas, disparando a varios civiles, 35 de los cuales fueron heridos y 6 muertos. 

El día 12 de Enero de 2019, el Presidente Mnangagwa anunció una subida de más del 150% en el precio de los carburantes. Tras ello, el principal sindicato del país anunció una huelga para los días 14 a 16 de Enero en señal de protesta. Una vez más, las fuerzas militares fueron desplegadas y durante dos semanas se vivió un reinado de terror y violencia. Según datos del Zimbabwe Human Rights NGO Forum, entre el 14 de Enero y el 5 de Febrero, 1803 violaciones de derechos humanos fueron cometidas, incluyendo 7 ejecuciones extrajudiciales, 17 casos de violación u otras violaciones de naturaleza sexual, 26 secuestros, 61 desplazamientos, 81 agresiones con armas de fuego, al menos 586 agresiones y torturas, y 954 arrestos y detenciones (incluidas las detenciones con redes de arrastre), entre otras violaciones. Además, varios activistas locales, líderes sindicales y miembros de la oposición fueron el blanco de dichas atrocidades. La respuesta del gobierno fue que dichas “protestas antigubernamentales fueron un instrumento de elección para los elementos subversivos, en particular el MDC Alliance, las ONG rebeldes, organizaciones de la sociedad civil hostiles y Servicios de Inteligencia Hostiles dispuestos a efectuar un cambio de régimen en Zimbabue o forzar la consumación de una coalición gobierno de unidad nacional”. 

Los siguientes meses se han sucedido con más pena que gloria. Diversos colectivos de doctores convocaron huelgas en protesta por la escasez de medicamentos que imposibilitaban tratar adecuadamente a sus pacientes, el ciclón Idai devastaba amplias áreas al Este del país en Marzo y colectivos de profesores anunciaban sus “vacaciones anticipadas” debido a sus míseros sueldos. Además, el registro encargado de dispensar pasaportes sufre atrasos de más de 280,000 solicitudes; atrapando en los confines del país a sus habitantes, negando la posibilidad de estudiar en el extranjero a los jóvenes y condenando a aquellos que necesitan de los servicios médicos de otros países para sobrevivir. Por si ello fuera poco, Zimbabue es capaz de producir solo una tercera parte se las demandas de trigo del país. Sin embargo, una mala cosecha durante 2018 ha situado su producción en 160,600 toneladas, lo que supone una producción de apenas un 17% de las necesidades el país. Este hecho, junto con la continua devaluación de la moneda, ha provocado que el precio del pan haya subido más de tres veces sólo durante la primera mitad del año 2019. Cuando el pan está disponible, los supermercados se ven obligados a vender sólo una bolsa de pan por cliente para así evitar su reventa en el exterior.

A todo ello debe sumarse la decisión del gobierno anunciada por la Reserva Nacional de Zimbabue que el dólar de Zimbabue debe ser la única moneda de curso legal en Zimbabue para todas las transacciones, impidiendo el uso del dólar americano que hasta el momento regía la política monetaria y las transacciones cuotidianas del país. La inflación anual ha pasado del 98% en Mayo 2019 al 176% en Junio. A consecuencia de ello, los precios de los carburantes han vuelto a aumentar en un 26%, lo que equivale en un aumento del 500% desde Enero de 2019. Por si no fuera poco, la capacidad de producir energía en el país se ha visto muy mermada y la compañía estatal de electricidad abastece los hogares únicamente entre las 10pm y las 4:30am. Con ello, la demanda de carburante se ha disparado, provocando interminables colas de hasta 3 horas para conseguir diésel para hacer funcionar generadores eléctricos. Debido a las 18 horas de apagón eléctrico, la demanda de gas para cocinar ha aumentado drásticamente y, con ello, el precio del mismo. Cada día pueden observarse colas de más de 2 horas para obtener una bombona de gas butano en las estaciones de servicio.

Los cambios anunciados hace ya un año por el Presidente Mnangagwa siguen sin llegar. La economía sigue hundiéndose, los mercados internacionales desconfían de las medidas económicas impulsadas por el gobierno, la inversión extranjera se resiente y el ciudadano sufre las consecuencias. Pese a la formación de una Comisión de Investigación sobre los incidentes producidos el 1 de Agosto, sus recomendaciones para el pago de compensación a víctimas y supervivientes, una reforma electoral que agilizara y mejorara la transparencia de los procesos electorales, y la implementación de leyes y regulaciones que evitaran la repetición de los incidentes del 1 de Agosto, a día de hoy no se han tomado medidas al respecto.

El futuro es incierto. Hoy nada queda de la alegría que supuso el cambio de régimen. Los nostálgicos de Mugabe empiezan a resurgir, los precios de todos los productos de primera necesidad están al alza, el poder adquisitivo de los consumidores a la baja, las tensiones políticas por las nubes y la proclamación de una huelga general indefinida parece olerse en el ambiente. 

Kevin Sánchez trabaja como Asesor del Servicio Civil para la Paz en el Zimbabwe Human Rights NGO Forum en Harare, Zimbabwe.