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II

España en la búsqueda de si misma

 

I.-Es prácticamente un tópico decir que los españoles somos capaces de hacer colectivamente lo más difícil y en las más complejas circunstancias, para con posterioridad empecinarnos en destruir lo tan costosamente construido.

Yo no creo en este tipo de tópicos, que no son más que salidas simplistas a problemas mucho mas complejos de lo que aparentemente pudieran parecer.

Y mantengo esta convicción aunque desde hace ya varios años nos deslizamos los españoles y la política española interna, por unos derroteros no precisamente alentadores.

Factores derivados de la tremenda crisis económica que hemos vivido, han conducido al periodo del que apenas estamos saliendo y en el que nuestra sociedad ha resultado muy dañada en su estructura social, económica y naturalmente política.

Pero sería demasiado simple y fácil atribuir a la crisis económica la causa de todos los males cuando, si acaso, ha sido el detonante de que aflorara un mal que llevaba años fraguándose.

Veníamos de vivir una aparente racha de bonanza económica, basada en políticas especulativas fomentadas en torno al ladrillo y el crédito fácil, y no sobre un proyecto de construcción de una economía productiva seria y saneada,  en torno a un fuerte y moderno tejido industrial competitivo,  de una política educativa y de investigación  rigurosa y con unas instituciones bancarias saneadas y no especuladoras.

Fue un periodo en el que los valores que alumbraron el periodo de la transición política en nuestro país, se fueron debilitando, difuminando cuando no directamente ignorados o rechazados por nuestra sociedad.

Contravalores muy poderosos se infiltraron en la sociedad, tales como considerar un gran éxito social el enriquecimiento, por cualquier método, aunque no fuera éticamente aceptable o incluso directamente delictivo.

Los grandes valores democráticos que nos habían unido en lo esencial, pasaron a segundo plano o simplemente ya no se enseñaron en las escuelas.

Por el contrario aprendimos a convivir con la corrupción, y muchos a entenderla y practicarla según su escala social y posibilidades, como algo “normal”.

Durante años los partidos políticos y una parte importante del mundo empresarial, en vez de dar ejemplo y combatir esta degradación de la vida democrática y la ética pública, utilizaron los mecanismos de la corrupción hasta límites de escandalo, tal y como los Tribunales de Justicia se han encargado de recordarnos y abochornarnos.

II.- Así pues, a la gran  crisis económica llegamos ya desarbolados en valores democráticos, con la ética política y social por los suelos y unas fuerzas políticas e instituciones que difícilmente podrían aparecer ante los ciudadanos como un referente o ejemplo a seguir de futuro.

¿Qué tiene de extraño que en esas circunstancias surgiesen movimientos populares de protesta, que terminasen en la constitución de partidos políticos populistas o antisistema?

Partidos que de inmediato buscaron su identidad negando el esfuerzo y los sacrificios de la generación de la transición, atacando la Constitución y sus instituciones (aunque gracias a ellas pudieran desarrollar libremente su trabajo de piqueta destructora de la democracia).

Y naturalmente en este contexto de debilidad de la imagen del Estado democrático, han resurgido los movimientos independentistas, especialmente en Cataluña (alimentados también por la ceguera y torpeza de la inacción de las instituciones del Estado), donde hemos asistido al mas triste espectáculo de nuestra democracia. Donde los partidos independentistas no han dudado en mentir, engañar a los ciudadanos catalanes, construir un enemigo donde no lo había, ni hay.

Partidos que no han dudado en violar no solo la Constitución, que combaten, sino su propio Estatuto de Autonomía, sus reglas parlamentarias, sojuzgar a la minoría y manipular como arietes de toda esa política a los medios de comunicación públicos, al mejor estilo de los once principios de la buena propaganda, elaborados Joseph Goebbels..

Y no entro en la posible  utilización y desviación de fondos públicos, porque sobre ello son los encargados de hacer luz los tribunales, porque las fuerzas políticas de oposición no pueden cumplir su labor al estar inoperante el Parlament, por propia decisión de los independentistas.

III.- Pero, con todo, sigo siendo optimista.

Hemos afrontado esta difícil situación sin extremismos, sin el resurgir de movimientos nacionalistas “españolistas”, dejando que las instituciones democráticas hagan su labor, sin limitar las libertades publicas.

Y superando esta circunstancia, dolorosa y difícil sin duda, también hemos de felicitarnos por el fin del terrorismo de ETA y el que una Comunidad Autónoma como Esukadi viva en plena democracia y paz, al igual que toda España.

Paz y democracia que la inmensa mayoría de los españoles aprecian en su justo valor y no están dispuestos a perder. Solo esperan poder resolver la duda de a quien confiar electoral y vitalmente su confianza para seguir construyendo en paz y libertad  un modelo más justo de sociedad.

A ese reto han de responder los partidos políticos y las instituciones.

Esperemos que los signos de resurgir económico se consoliden y las perspectivas del nuestra sociedad y sobre todo los jóvenes sean pronto mejores.

Pero la tarea que tenemos colectivamente por delante es enorme. Hemos de recuperar el tiempo perdido en el rearme en valores democráticos de nuestra sociedad, para mejor prepararla ante los embates como los que hemos sufrido y otros que puedan llegar.

Hemos de reforzar nuestra presencia en la Unión Europea y hacerla potente y mas democrática, pues solo así podremos resistir todos los embates disgregadores y liberticidas.

Lo hemos hecho en peores circunstancias y podemos volver a hacerlo, sin ninguna duda.

Alvaro Gil-Robles

Sotosalbos, 10 de marzo de 2018

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