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Burka, niqab, burkini y la Hibra de Lerna.

Burka, niqab, burkini y la Hibra de Lerna.

Desde 2011 Francia pasó a ser el segundo país occidental, tras Bélgica, que prohibiese el uso del niqab – vestimenta que oculta todo el cuerpo a excepción de los ojos – y el burka – al que se le añade una rejilla para tapar los ojos - de forma absoluta en todos los espacios públicos. Este 2016 con la temporada estival distintos ayuntamientos del sur del país galo han acordado prohibir un traje de baño que solo deja al descubierto la cara, las manos y los pies y que ha recibido el nombre de burkini. Pese a que la medida se encuentra recurrida ante el Consejo de Estado Francés, distintas voces desde el Gobierno central, entre las que se incluyen la del primer ministro Manuel Valls, ya han mostrado su respaldo a dicha normativa.

El precedente galo no debe obviar que de los 49 Estados Miembros que conforman el Consejo de Europa tan solo Francia y Bélgica han aprobado una prohibición general ante el uso de estas prendas. En países como Holanda sólo se prohíbe el uso del burka y el niqab en escuelas, hospitales y edificios oficiales, pero no en la vía pública. En cambio países como Noruega y Dinamarca ha rechazado prohibir su uso en espacios públicos. Por su parte, en Alemania existen en las escuelas prohibiciones parciales del uso del velo en ocho de los dieciséis Länder. No obstante, en los últimos días, los ministros de Interior de los estados federados donde gobierna la Unión Cristianodemócrata (CDU) han mostrado su acuerdo para restringir el uso de esta vestimenta también en los edificios y transportes públicos.

Respecto al caso español, en el año 2010 distintos ayuntamientos catalanes, entre los que se encontraban los consistorios de Lleida, Tarragona y Santa Coloma de Gramanet, aprobaron ordenanzas municipales en virtud de las cuales se prohibía el uso del velo integral en servicios públicos y dependencias municipales. Esta medida que fue recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, quien desestimó el recurso, fue recurrida en casación ante el Tribunal Supremo, Tribunal que, sin entrar a valorar si el legislador puede prohibir o no el uso de un atuendo religioso, en su Sentencia de 14 de Febrero de 2013 dictaminó que la Ordenanza limita el ejercicio de la libertad religiosa a las portadoras del velo integral y que, por tanto, el gobierno local carece de competencia para regular una limitación del ejercicio de un derecho fundamental que requiere de la existencia de una ley (Art. 9.1 y 53.1 CE).

Como hemos expuesto, se trata de un tema complejo donde la actitud adoptada en los países de nuestro entorno no es homogénea. Tal complejidad se debe, en parte, a la colisión de distintos derechos y principios: la dimensión externa del derecho de libertad ideológica y religiosa, el derecho a la libertad de expresión, a la intimidad y a la propia imagen, el libre desarrollo de la personalidad, el principio de respeto de las minorías, la seguridad pública, el principio de no discriminación, la igualdad real y efectiva entre hombres y mujeres, el principio democrático de respeto a la decisión de la mayoría y el principio de respeto al criterio historicista y cultural, entre otros, entran en juego en esta cuestión.

Ahora bien, no podemos dejarnos llevar por la complejidad del asunto y adoptar una actitud paternalista en base a la cual defendamos que todas las mujeres que utilizan velo son mujeres maltratadas psicológicamenete y sometidas a sus esposos y familiares y, por ende, dicha vestimenta ha de ser prohibida bajo toda circunstancia.

De hecho, numerosas mujeres musulmanas han acudido a los tribunales para denunciar estas medidas restrictivas. Entre ellas, una mujer de nacionalidad francesa nacida en 1990 recurrió ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos la prohibición de usar el velo integral en espacios públicos alegando que en todo momento había llevado el burka y el niqab, no porque fuese obligada por su marido ni por ningún otro miembro de su familia, sino como elección personal de acuerdo con su fe, su cultura y sus convicciones personales.

En esta línea se muestra el estudio empírico elaborado por la Universidad de Gante (Bélgica) según el cual, en contra de los prejuicios existentes, la mayoría de las mujeres que participaron en la muestra usaban el velo por elección propia.

Si bien es cierto que esta prenda puede usarse con fines indeseados, entrando en juego el debate entre seguridad pública y libertad, la mayoría de las mujeres que utilizan el burka y el niqab, entre las que se encuentra la demandante francesa, son conscientes de que, por motivos de seguridad, en ciertas ocasiones, como en aeropuertos, bancos y controles de seguridad, es necesario mostrar su rostro. Pero ello no implica una prohibición de su uso de forma generalizada, como se ha establecido Francia, en pro de salvaguardar la seguridad pública. En este sentido se pronuncia el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el Caso S.A.S contra Francia, en su Sentencia de 1 de Julio de 2014: «in view of its impact on the rights of women who wish to wear the full-face veil for religious reasons, a blanket ban on the wearing in public places of clothing designed to conceal the face can be regarded as proportionate only in a context where there is a general threat to public safety. The Government have not shown that the ban introduced by the Law of 11 October 2010 falls into such a context».

Asimismo, no podemos obviar que el hecho de prohibir el burka no implica que al día siguiente las mujeres que hasta entonces lo utilizaban vayan a salir a la calle usando otra indumentaria, sino que, por el contrario, existe una mayor probabilidad de que esa misma mujer al día siguiente de la prohibición no salga de casa aumentando su aislamiento y su dependencia de su marido y socavando su autonomía.

El Estado no debe decidir cómo una persona debe vestir y no debe prohibir bajo toda circunstancia el uso de una vestimenta cultural y/o religiosa. La labor del Estado pasa por proteger a las mujeres de cualquier tipo de violencia física y psicológica, respetar su autonomía personal, y favorecer la inclusión de las mujeres musulmanas en los ámbitos educativo, profesional y cultural.

Hay que preguntarse por qué en este momento una serie de alcaldes franceses, tras un año en el que la deleznable barbarie terrorista ha azotado con fuerza el país, abren el debate del burkini en las playas de la Costa Azul en aras de preservar la “laicidad” del Estado

¿Es necesario que políticos como Marine Le Pen comparen el rezo de musulmanes en las calles de París con la ocupación de Francia por los nazis en la Segunda Guerra Mundial? ¿con qué fin el partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD) aprobó el pasado mayo en su congreso federal una moción proclamando esta religión anticonstitucional y entre sus propuestas se encuentra la supresión de todos los minaretes construidos? ¿islamofobia? ¿miedo?.

Ante estas preguntas en mi mente se dibuja una estampa de una mujer en topless y otra en burkini disfrutando de la misma playa, respetándose a sí mismas y siendo respetadas por el resto de la sociedad, eso sí es pluralismo, democracia y tolerancia, lo demás son otras cosas.

Autor: Juan Bautista Cartes Rodríguez

Doble Graduado en Derecho y Administración y Dirección de Empresas, colabora con distintas ONG tanto en España (Oficina de Derechos Sociales) como en Irlanda (Kingsriver Community). Actualmente cursando el Diploma de Especialización en Derechos Humanos y Democratización de la Universidad de Sevilla.

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